Hasta hace poco iba todos los dias a la empresa donde hacía las prácticas en bici. Me gusta desplazarme en ella. Sin embargo, la gran mayoría que he visto pedalenado por la ciudad lo hace con una bicicleta de montaña, incluso yo. Mi caso es un poco particular, porque recibí la bici que tengo por circunstancias de la vida, pero todo el mundo que va a comprarse una bici ni se plantea adquirir una de paseo. Y si por alguna casualidad se le pasase la idea, la dificultad de encontrarlas o sus elevados precios les harian cambiar de parecer.
No obstante, las bicis de paseo tienen muchísimas ventajas frente a las típicas “mountain bike”: su sillín es infinitamente más cómodo, vas mucho más erguido, suele llevar cesta o algun accesorio para transportar bultos, etc. Por eso me parece una gran idea la que ha tenido mi hermana de reciclar la vieja bicicleta de mi madre.

Os cuento la historia. Mi madre se dejó de estudiar a los 16 años para ponerse a trabajar en una almacén de naranjas. Como no tenía la edad para conducir ni el dinero para comprarse un coche, sus padres le compraron una bicicleta para que fuese a trabajar. Ahora ella tiene 50 años y la bicicleta casi 35, y ambas gozan de “buena” salud (si es que ya no hacen las cosas como las de antes…).
Por esa razón mi hermana, al rompérsele la suya, ha decidido arreglarla. De momento le ha cambiado las cubiertas y ha engrasado la cadena y los frenos, aunque claro está sigue haciendo mala pinta (remítanse a la foto). Pero tiempo al tiempo. Próximo capítulo: pintarla.